Un cojín antiescaras ayuda a repartir la presión cuando una persona pasa mucho tiempo sentada (por ejemplo, en silla de ruedas). Al distribuir mejor el peso, reduce el riesgo de lesiones por presión y mejora el confort diario.
No sustituye cuidados básicos (movilizaciones, higiene, revisión de piel), pero es un apoyo muy útil en prevención.
La talla debe coincidir con el ancho y fondo del asiento. Si el cojín es más pequeño, se moverá y perderá eficacia; si es más grande, puede doblarse y crear puntos de presión. El grosor depende del peso del usuario y del confort buscado: a más peso o más horas sentado, conviene un cojín con mejor soporte.
Fíjate también en la funda: idealmente antideslizante, lavable y con buena transpiración.
En el catálogo puedes ver cojines y comparar por tipo. Si nos dices peso, horas de uso y medidas del asiento, es más fácil afinar la recomendación.